Un ritual no borra el dolor. Le da un lugar. Ayuda a que la despedida deje de ser solamente ausencia y también se convierta en historia compartida.
Puede ser una caja de recuerdos, un árbol, una carta, una playlist o un álbum. Lo importante no es la forma sino la intención de reconocer el vínculo.
La memoria sana mejor cuando no se esconde. Honrar su vida permite que el amor encuentre nuevas maneras de permanecer.