Las primeras horas suelen sentirse irreales. El cuerpo está agotado, la mente repasa los últimos momentos y la casa cambia de ritmo de un día para otro.
Tu primera tarea no es entenderlo todo. Tu primera tarea es bajar la exigencia, descansar, hidratarte y dejar que alguien te acompañe sin pedirte que estés bien.
Si puedes, define un gesto simple de despedida: una vela, una carta, una foto o una frase. Ese pequeño acto ordena el caos y le da un lugar real al vínculo.