Los niños necesitan verdad, no versiones confusas. Explicar que el cuerpo dejó de funcionar evita fantasías dolorosas y reduce ansiedad.
El objetivo no es decirlo perfecto. El objetivo es permanecer disponibles para repetir, escuchar preguntas y validar tristeza, rabia o silencio.
Incluirlos en un pequeño ritual o en un dibujo de despedida puede ayudarles a comprender que el amor no desaparece aunque la presencia física sí cambie.